FAR 03 ECOFEMINISMOS se plantea como una continuación al proceso iniciado en FAR 02, segunda experiencia del Foro de Arte Relacional que se articuló en torno al significado de ruptura cultural, su cuestionamiento y la propuesta de nuevos modelos rupturistas. Situando como punto de partida la elaboración colaborativa de un recetario para interpelar el lugar del arte, los artistas, los proyectos y los clientes, explorando desde la diversidad del conflicto, las opciones de vida y las pequeñas batallas cotidianas, canalizamos un afecto común en el imaginario colectivo: el concepto de privilegio. 

¿Quiénes tienen los privilegios hoy día? Vivimos dentro de un modelo político, económico, social y cultural que discrimina a las mujeres, a las minorías étnicas y a las otras especies no humanas. Que está adaptado para la supervivencia y legitimidad de las clases medias-altas dentro de un ecosistema competitivo y selectivo frente a los más vulnerables. En las relaciones de poder del sector profesional del arte, al igual que en otros espacios de participación política y social, los hombres tienden a tener por privilegio la representatividad en el espacio público, son los que exponen y van a dar charlas. Las mujeres, en cambio, se acaban ocupando de las labores de administración, de economía de la atención o de delegación de los cuidados, ergo invisibilizándose, sin posibilidades de generar mecanismos de compensación y activación de las relaciones multicapa del mosaico artístico-cultural. 

¿Cómo romper con los privilegios desde una postura ética y sostenible? Según Alicia Puleo, el ecofeminismo puede ser entendido como el encuentro de la reflexión feminista y la preocupación por el medio ambiente, que aborda uno de los problemas sociales más urgentes: la crisis ecológica. Pero dentro de la propuesta de construcción de un feminismo ecologista, pese a ser respaldada por much@s, florecen una diversidad de posturas de línea difusa entre el pensamiento ecologista, los movimientos sociales y el propio feminismo, herederas del ámbito radical de los años 60 y 70 del siglo XX. 

La práctica artística ecofeminista está desafiando las fronteras que definen la cultura, la educación y la política; y manifiesta un compromiso con la preservación de la biosfera y reivindican una actitud respetuosa con ella.  

El cuestionamiento sobre la igualdad entre mujeres y hombres, ubicada dentro de un mismo modelo de dominación de subordinación del ser humano respecto al planeta Tierra, hace necesario plantear el grado de implicación que el arte puede tener como mecanismo de activación y portavoz social. Entendiendo el ecofeminismo como un asunto en auge, ambicioso, porque se plantea una sociedad sin dominación, ni de sexo, ni de clase, raza o especie, en equilibrio con la naturaleza, y la idea de vivir con menos como otro mundo futuro posible. Difícil de abarcar, pero extremadamente actual e inspirador. Todo un reto.

FAR